DÉCADA DE
LOS 80

Ceguera, miedo y perplejidad
Nuestra ciudad se llenó de sombras, opacando esquinas, cuadras y barrios. Miedo y terror al amanecer, fronteras invisibles al mediodía, limpieza social al atardecer y toques de queda para irnos a dormir. Vivimos una Medellín sitiada, poco a poco nos fuimos encarcelando en urbanizaciones cerradas y en nuestras propias casas.

La oscuridad del narcotráfico corrompió casi todos nuestros rincones: fiestas familiares y bares, colegios, empresas, fuerza pública, políticos, jueces, palabras y hasta la conciencia. Lo que compramos, vendemos, consumimos… y hasta lo que vemos. Sufrimos la muerte como herramienta de guerra, empleo, negocio y mercancía, en manos de narcotraficantes, sicarios, milicianos, policías, bandas, autodefensas. Ya ni sabemos quién es quién, nos inundamos de silencio, dinero “fácil” y desazón.

Estamos en riesgo, más si somos jóvenes: asediados y atacados por estigmas, balas y etiquetas, el vértigo es el día a día y el futuro no es mañana.

A pesar de las dificultades, intentamos no agachar la cabeza y nos juntamos, dando vida a organizaciones comunitarias, sociales, culturales, religiosas, defendiendo los derechos humanos y esquivando la mano negra de la persecución: encierro, destierro o entierro.   

Ciudad sitiada, la vida a pesar del narcotráfico
A comienzos de los años 80 Medellín atravesó un período en el que se desbordaron las problemáticas incubadas en la primera mitad del siglo XX: aumento desmedido de la población, crecimiento del índice de desempleo, ampliación del cinturón de pobreza, debilidad institucional y corrupción, auge del narcotráfico, surgimiento del sicariato, nacimiento de los grupos de autodefensas, aumento progresivo de las violencias (secuestro, extorsión, homicidios, masacres, magnicidios, ataques con explosivos, fronteras invisibles); entre otros fenómenos que despertaron sentimientos de temor y desesperanza en los ciudadanos.

Asociado al narcotráfico se consolidó el Cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar. En sus inicios, Escobar buscó ser reconocido haciendo importantes donaciones en barrios periféricos de la ciudad, como el proyecto Medellín sin tugurios. Tras alcanzar un importante índice de popularidad, se interesó por la política, vinculandose en 1982 al Nuevo Liberalismo y adhiriéndose públicamente a la candidatura presidencial de Luis Carlos Galán. Sin embargo, fue desautorizado públicamente por el Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, por sus vínculos con el narcotráfico. El 30 de abril fue asesinado Lara Bonilla por el Cartel de Medellín; y por tal motivo, el presidente Belisario Betancur anunció el inicio de la extradición de nacionales, el 2 de mayo de 1984. Como respuesta, el Cartel creó el grupo denominado los Extraditables, dando origen a la guerra contra el Estado colombiano y dejando una larga lista de personas asesinadas (policías, políticos, jueces, magistrados, periodistas, civiles).

En esta época proliferaron los escuadrones de la muerte, grupos privados que buscaban eliminar ladrones, atracadores y secuestradores, con el fin de alcanzar la denominada “limpieza social”. Paralelamente, estudiantes, profesores, sindicalistas, líderes políticos y defensores de los derechos humanos fueron perseguidos y asesinados por paramilitares en complicidad con agentes estatales (guerra sucia); causando temor, indignación y protesta en los ciudadanos, como lo demostró la marcha de los claveles rojos.

En Medellín se dio un entramado de violencias proveniente de múltiples actores (guerrillas, paramilitares, milicias, sectores de la fuerza pública, narcotraficantes, bandas delincuenciales) que hicieron muy difícil entender, diferenciar y caracterizar el fenómeno de la violencia en la ciudad. Sumado a esto, el país vivió bajo estado de sitio durante varios períodos de tiempo.

Paradójicamente, en medio de esta crisis existieron manifestaciones sociales, culturales y artísticas que surgieron y sobrevivieron a pesar de la violencia: una pluralidad de formas de entender, enfrentar y resistir a la problemática social. Nacieron grupos juveniles, religiosos, sociales, deportivos, culturales y académicos; se desplegaron eventos que fomentaron lazos sociales y actividades que despertaron solidaridades; se generaron estrategias artísticas que permitieron disipar el miedo y enfrentar las fronteras invisibles; se creó la Consejería Presidencial para Medellín y su Área Metropolitana (1990), que posibilitó la articulación de las iniciativas comunitarias a la institucionalidad; surgieron canales regionales que permitieron divulgar las problemáticas propias de la ciudad; entre otras acciones, individuales y colectivas, públicas y privadas, que se emprendieron en esta época y representaron la fuerza, dignidad y capacidad de la ciudad para sobreponerse al horror de la guerra.