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Cada conmemoración del Día del Niño en Colombia obliga a mirar una realidad incómoda: durante más de seis décadas de conflicto armado, la niñez no ha sido únicamente víctima colateral de la guerra, sino uno de sus blancos más vulnerables. Las niñas, niños y adolescentes han sido asesinados, desplazados, desaparecidos, reclutados o sometidos a violencias múltiples que han dejado marcas profundas en varias generaciones. Recordar estas historias no solo es un ejercicio de memoria histórica, sino también un compromiso ético con el futuro.

La niñez en el centro de la violencia

Las cifras disponibles revelan la magnitud del impacto. Según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, al menos 17.866 niñas, niños y adolescentes fueron víctimas de reclutamiento y utilización por actores armados entre 1958 y 2020 en Colombia (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2021). Este delito, considerado una grave violación al Derecho Internacional Humanitario, implica la instrumentalización de menores para tareas militares, logísticas o de inteligencia, privándolos de su infancia y exponiéndolos a violencias físicas y psicológicas extremas.

A esta realidad histórica se suman tendencias recientes preocupantes. De acuerdo con el informe del Secretario General de Naciones Unidas sobre niñez y conflicto armado, en 2024 se verificaron 646 graves violaciones contra niños, niñas y adolescentes en el contexto del conflicto armado en Colombia, lo que representó un aumento del 42% respecto al año anterior. Estas violaciones incluyen reclutamiento, asesinatos, mutilaciones, violencia sexual, secuestros, ataques a escuelas y hospitales, y restricciones al acceso humanitario.

El reclutamiento sigue siendo la práctica más recurrente. Informes recientes de Naciones Unidas y UNICEF señalan que entre 2019 y 2024 más de 1.200 menores fueron reclutados o utilizados por grupos armados, lo que refleja un incremento cercano al 300% en los últimos cinco años. En promedio, un niño o niña es reclutado cada 20 horas en el país, una cifra que evidencia la persistencia del fenómeno pese a los acuerdos de paz y a los compromisos internacionales del Estado colombiano.

Estas violaciones afectan de manera desproporcionada a la niñez de territorios históricamente golpeados por la guerra, especialmente en regiones como el Pacífico colombiano, el Cauca, Nariño, Chocó o las zonas fronterizas con Venezuela. En estos contextos, la pobreza estructural, la ausencia estatal y la disputa por economías ilegales aumentan la vulnerabilidad de niños y adolescentes frente a la coacción o el engaño de los grupos armados.

Generaciones de infancia marcadas por el conflicto

Sin embargo, reducir el impacto del conflicto armado a cifras sería insuficiente. La guerra ha atravesado la experiencia vital de varias generaciones de colombianos desde mediados del siglo XX. Si se considera que el conflicto contemporáneo se intensificó desde finales de la década de 1950, al menos tres o cuatro generaciones de niñas y niños han crecido en contextos marcados por la violencia armada. Para quienes vivieron su infancia en los años ochenta o noventa, la guerra se manifestó en forma de masacres, desplazamientos forzados o asesinatos selectivos que transformaron la vida cotidiana de comunidades enteras. Para quienes crecieron en los años posteriores al cambio de siglo, la experiencia se expresó en la militarización de territorios, la presencia constante de actores armados o el miedo cotidiano a minas antipersonales y combates. Incluso para la generación que ha crecido después del Acuerdo de Paz firmado en 2016, el conflicto no ha desaparecido completamente. En varias regiones del país persisten economías ilegales, disputas armadas y dinámicas de violencia que continúan afectando a la niñez mediante desplazamientos, confinamientos, reclutamiento o limitaciones al acceso a la educación y la salud.

Estas experiencias dejan huellas profundas. La exposición temprana a la violencia afecta el desarrollo emocional, las trayectorias educativas y las posibilidades de proyecto de vida de miles de niños y niñas. En muchos casos, además, el trauma se transmite de manera intergeneracional: familias desplazadas, comunidades fracturadas y territorios marcados por el miedo reproducen condiciones que afectan también a quienes nacieron después de los hechos violentos.

Memoria y compromiso con las nuevas generaciones

Frente a este panorama, el trabajo de la memoria histórica adquiere una relevancia fundamental. Recordar lo ocurrido no es únicamente un ejercicio de reconstrucción del pasado, es también una forma de reconocer a las víctimas, dignificar sus historias y contribuir a las garantías de no repetición.

En este horizonte, los espacios de memoria cumplen una función pública esencial: propiciar escenarios de reflexión crítica sobre las violencias del conflicto armado y sus impactos en la sociedad, así como promover el reconocimiento de las víctimas y de las múltiples formas de resistencia que han emergido frente a la guerra. En el caso de Medellín, estas reflexiones adquieren un significado particular si se considera que la ciudad también ha sido escenario de profundas afectaciones derivadas de las dinámicas del conflicto armado y de otras violencias asociadas.

Desde esta perspectiva, el trabajo pedagógico y cultural del Museo Casa de la Memoria, busca dialogar con las nuevas generaciones, invitándolas a comprender críticamente el pasado reciente y a reconocer la importancia de la defensa de los derechos humanos. En este proceso, la memoria se convierte en una herramienta educativa que permite interrogar la historia, escuchar las voces de las víctimas y fortalecer una cultura democrática basada en la dignidad y el respeto por la vida.

Para el Museo, acompañar estos procesos implica reconocer que las infancias han sido uno de los sectores más profundamente afectados por el conflicto armado, pero también uno de los más importantes para la construcción de futuro. En consecuencia, el compromiso institucional con la memoria busca contribuir a que las nuevas generaciones conozcan estas historias, reflexionen sobre sus implicaciones y participen activamente en la construcción de una sociedad en la que ninguna niña o niño vuelva a ver su vida atravesada por la guerra, fortaleciendo así una cultura de memoria, dignidad y garantía de no repetición.

Referencias bibliográficas

Centro Nacional de Memoria Histórica. (2021). No más reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes.

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). (2024). Informe del Secretario General de Naciones Unidas sobre niñez y conflictos armados: situación de Colombia.

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). (2025). Ponerle fin al reclutamiento y utilización de niñas, niños y adolescentes en Colombia es urgente.

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). (2025). Grupo de amigos sobre niñez y conflicto armado insta a efectuar acciones concretas para poner fin al reclutamiento de menores en Colombia.

Agencia de Periodismo Investigativo. (2025). Unicef alerta aumento del 42 % en violaciones a derechos de niños en el conflicto armado en Colombia.

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