En la montaña de una flor

Las palabras viajan, al igual que los sueños sin preguntar, al igual que el sufrimiento sin merecer, al igual que la guerra sin atardecer, este mal viaje se ha iniciado en un camino sin volver.

solo los ojos pueden ver dicen algunos; yo creo que no quieren ver, ver aquel ánimo dorado de sus ojos; tan suyos y tan olvidados, tan hermosos y osados. Distantes del deseo de ponerse en el centro, sus ojos que tanto han pasado que solo van en búsqueda de el amar; ¿amor? Cómo hablar de amor, del amor secuestrado, el amor perdido, el desaparecido; el estancado en dolencias más largas que cordilleras, entre selvas, matorrales y hambre; el que se levanta a pesar de los atroces sucesos que va en búsqueda del tesoro del simple recordar.
 Pueda que marchiten la rosa, la destrocen y la dejen seca, pero no podrán evitar que emerja su fragancia. Es muy posible que la flor sea  recurso del temible olvido, hay que hacer de esta una constante lucha; que solo queda con el niño que distraído volteó, y miro a la hermosa rosa en solitario, la admiro y no conforme con el hecho de tener conocimiento de su existencia, decidió recordarla.
Hoy; como la hermosa rosa llama a quien pasa cerca de ella, para hacerle compañía, aspiro a que seamos como el niño, que ve en la rosa no como algo marchito merecedor de olvido; si no un recuerdo, uno que ha pesar del transcurso del tiempo sigue vivo; al igual que la flor que ahora se inmortalizó, por que el niño la conservo.
Paula Arias