Continuando con nuestro espacio Cine en el Museo presentaremos este 31 de julio la película Ciro y yo a las 6 p.m. con entrada libre.

Antes de comenzar la proyección conversaremos con Miguel Salazar (director) y Ciro Galindo (proyagonista).

Replicamos la nota publicada por la Revista Semana sobre este documental:

Ciro y yo
Por Manuel Kalmanovitz G.

Este documental dirigido por Miguel Salazar hace un recuento de cómo la guerra afectó a su protagonista, y ofrece un recordatorio del costo humano del conflicto. ***

País: Colombia

Año: 2016

Director: Miguel Salazar

Guion: Miguel Salazar

Protagonistas: Ciro Galindo, Esnéider Galindo

Duración: 107 min

Tras los dos documentales más o menos televisivos e institucionales en exceso realizados sobre el proceso de paz, es bienvenido el énfasis que Ciro y yo pone en la manera en que se sintió la guerra en uno de esos lugares alejados que tanto la han sufrido. Acá los señores que deciden la guerra y la paz se ven solo en imágenes de archivo, mientras toda la atención se concentra en cómo un hombre y su familia sufrieron, sin buscarlo, por esas decisiones.

El protagonista de esta película es Ciro Galindo, un campesino que vivía cerca al famoso Caño Cristales, en la serranía de la Macarena, a donde llegó hace más de 20 años el director de este documental, Miguel Salazar, a tomar fotografías. Un accidente trágico hace que las vidas de los dos se unan y esa relación (que Salazar llama “amistad”, aunque no lo parece por la forma distante como se relacionan) es el punto de partida de esta reflexión sobre el costo humano que ha tenido nuestra guerra para quienes verdaderamente la padecieron.

Este hombre de setenta y tantos años responde preguntas frente a un telón oscuro para trazar su cronología particular de la guerra, que, en esta versión, resulta especialmente cruel con los muchachos y adolescentes que los grupos ilegales se disputaban ferozmente.

Las anécdotas de Ciro y de Esnéider, su hijo sobreviviente, son sobrecogedoras y, en su sencillez, permiten acercarse a las manifestaciones cotidianas del conflicto en un territorio en disputa. Así, Esnéider habla de compañeros de colegio que primero dejaban de ir a clase para reaparecer un rato después en uniforme y, luego, al cambiar los grupos armados en control del territorio, como cadáveres por identificar.

La historia de estos dos hombres es un recordatorio de la profunda desconexión que hay entre quienes toman las decisiones políticas y quienes sufren sus consecuencias, y debería ser de visión obligada para cualquiera que sienta entender la guerra desde la comodidad de sus casas.

Aunque la visión de la guerra reverbera, el retrato de Ciro, y sobre todo el de su relación con Salazar, tiene unas lagunas que por momentos distraen de este recuento cronológico. Y son lagunas que, quizás, si se hubieran titulado Las guerras de Ciro o algo parecido no serían tan notorias.

Pero se llama Ciro y yo cuando está lejos de ser acerca de dos personas, de la relación que han tenido, de lo que han construido juntos, de un ‘nosotros’. Los papeles asumidos tanto por el entrevistador como por el entrevistado son rígidos y bien definidos: uno pregunta, el otro responde; uno mira y el otro es mirado; uno comparte su historia y el otro la registra, edita y musicaliza. No es, para nada, una película de dos.

A diferencia de La noche herida, el documental de Nicolás Rincón Guille estrenado el año pasado, que lograba recuperar la humanidad de su protagonista retratándola en una cotidianidad de tiempos largos y silencios tranquilos, acá se siente un afán general; afán por contar lo sucedido sin pensar mucho en lo que significó, por mostrar el increíble material de archivo conseguido, por mostrar cómo la vida de un hombre –lo dice Salazar al comienzo– puede “resumir” la historia de Colombia.